Ir al contenido principal

Poesía de Pablo Neruda

Veinte Poemas de Amor y Una Canción Desesperada

Poema I        Poema VI         Poema XI         Poema XVI
Poema II Poema VII Poema XII Poema XVII
Poema III Poema VIII Poema XIII Poema XVIII
Poema IV Poema IX Poema XIV Poema XIX
Poema V Poema X Poema XV Poema XX

Una canción desesperada

Cien Soneto de Amor

Soneto ISoneto IISoneto IIISoneto IV
Soneto VSoneto VISoneto VIISoneto VIII
Soneto IXSoneto XSoneto XISoneto XII
Soneto XIIISoneto XIVSoneto XVSoneto XVI
Soneto XVIISoneto XVIIISoneto XIXSoneto XX
Soneto XXISoneto XXIISoneto XXIIISoneto XXIV
Soneto XXVSoneto XXVISoneto XXVIISoneto XXVIII
Soneto XXIXSoneto XXXSoneto XXXISoneto XXXII
Soneto XXXIIISoneto XXXIVSoneto XXXVSoneto XXXVI
Soneto XXXVIISoneto XXXVIIISoneto XXXIXSoneto XL
Soneto XLISoneto XLIISoneto XLIIISoneto XLIV
Soneto XLVSoneto XLVISoneto XLVIISoneto XLVIII
Soneto XLIXSoneto LSoneto LISoneto LII
Soneto LIIISoneto LIVSoneto LVSoneto LVI
Soneto LVIISoneto LVIIISoneto LIXSoneto LX
Soneto LXISoneto LXIISoneto LXIIISoneto LXIV
Soneto LXVSoneto LXVISoneto LXVIISoneto LXVIII
Soneto LXIXSoneto LXXSoneto LXXISoneto LXXII
Soneto LXXIIISoneto LXXIVSoneto LXXVSoneto LXXVI
Soneto LXXVIISoneto LXXVIIISoneto LXXIXSoneto LXXX
Soneto LXXXISoneto LXXXIISoneto LXXXIIISoneto LXXXIV
Soneto LXXXVSoneto LXXXVISoneto LXXXVIISoneto LXXXVIII
Soneto LXXXIXSoneto XCSoneto XCISoneto XCII
Soneto XCIIISoneto XCIVSoneto XCVSoneto XCVI
Soneto XCVII           Soneto XCVIII          Soneto XCIX            Soneto C

Mas poemas de Neruda


Amiga no te muerasFarewellPoema III
AmorPoema VIPoema VII
AmorPoema XIPoema XI
Ángela AdónicaPoema XIVPoema XV
AusenciaPoema XVIIIPoema XIX
BarcaloraPoema XXIIPoema XXIII
Barrio sin luzPoema XXVIPoema XXVII
BellaPoema XXXPoema XXXI
Canción del MachoPoema XXXIVPoema XXXV
Déjame sueltas las manosPoema XXXVIIIPoema XXXIX
El alfareroPoema XLIIPoema XLIII
El amorPoema XLVIPoema XLVII
El dañoPoema LPoema LI
El inconstantePoema LIVPoema LV
El insectoPoema LVIIIPoema LIX
El monte y el ríoPoema LXIIPoema LXIII
El tigrePoema LXVIPoema LXVII
El viento y la islaPoema LXXPoema LXXI
En ti la tierraPoema LXXIVPoema LXXV
En vano te buscamosPoema LXXVIIIPoema LXXIX
EpitalamioPoema LXXXIIPoema LXXXIII
Era mi corazón un alaPoema LXXXVIPoema LXXXVII
Eres toda de espumaPoema LXXXXPoema LXXXXI
Es cierto amada míaPoema LXXXXIVPoema LXXXXV
Esclava mía                      Poema LXXXXVIII                    Poema C

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Soneto XCIV

Si muero sobrevíveme  con tanta fuerza pura que despiertes la furia del pálido y del frío, de sur a sur levanta tus ojos indelebles, de sol a sol que suene tu boca de guitarra. No quiero que vacilen tu risa ni tus pasos, no quiero que se muera mi herencia de alegría, no llames a mi pecho, estoy ausente. Vive en mi ausencia como en una casa. Es una casa tan grande la ausencia que pasarás en ella a través de los muros y colgarás los cuadros en el aire. Es una casa tan transparente la ausencia que yo sin vida te veré vivir y si sufres, mi amor, me moriré otra vez.

Era Mi Corazón un Ala

Era mi corazón un ala viva y turbia... un ala pavorosa llena de luz y anhelo. Era la primavera sobre los campos verdes. Azul era la altura y era esmeralda el suelo. Ella —la que me amaba— se murió en primavera. Recuerdo aún sus ojos de paloma en desvelo. Ella —la que me amaba— cerro sus ojos... tarde. Tarde de campo, azul. Tarde de alas y vuelos. Ella —la que me amaba— se murió en primavera... y se llevó la primavera al cielo.

El país del sol

El país del sol Junto al negro palacio del rey de la isla de Hierro (¡Oh, cruel, horrible, destierro!) ¿Cómo es que tú, hermana armoniosa, haces cantar al cielo gris, tu pajarera de ruiseñores, tu formidable caja musical? ¿No te entristece recordar la primavera en que oíste a un pájaro divino y tornasol en el país del sol? En el jardín del rey de la isla de Oro (¡oh, mi ensueño que adoro!) fuera mejor que tú, armoniosa hermana, amaestrases tus aladas flautas, tus sonoras arpas; tú que naciste donde más lindos nacen el clavel de sangre y la rosa de arrebol, en el país del sol O en el alcázar de la reina de la isla de Plata (Schubert, solloza la Serenata…) pudieras también, hermana armoniosa, hacer que las místicas aves de tu alma alabasen, dulce, dulcemente, el claro de luna, los vírgenes lirios, la monja paloma y el cisne marqués. La mejor plata se funde en un ardiente crisol, en el país del sol Vuelve, pues a tu barca, que tiene lista la vela (resue...