Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas de junio, 2018

Juguetes

¡Qué feliz eres, niño, sentado en el polvo, divirtiéndote toda la mañana con una ramita rota! Sonrío al verte jugar con este trocito de madera. Estoy ocupado haciendo cuentas, y me paso horas y horas sumando cifras. Tal vez me miras con el rabillo del ojo y piensas: «¡Qué necesidad perder la tarde con un juego como ese!» Niño, los bastones y las tortas de barro yano me divierten; he olvidado tu arte. Persigo entretenimientos costosos y amontono oro y plata. Tú juegas con el corazón alegre con todo cuanto encuentras. Yo dedico mis fuerzas y mi tiempo a la conquista de cosas que nunca podré obtener. En mi frágil esquife pretendo cruzar el mar de la ambición, y llego a olvidar que también mi trabajo es sólo un juego. Rabindranath Tagore

En Mi Cielo Al Crepúsculo

Paráfrasis del poema 30 de "El jardinero" En mi cielo al crepúsculo eres como una nube y tu color y forma son como yo los quiero. Eras mía, eres mía, mujer de labios dulces y viven en tu vida mis infinitos sueños. La lámpara de mi alma te sonrosa los pies, el agrio vino mío es más dulce en tus labios, oh segadora de mi canción de atardecer, cómo te sienten mía mis sueños solitarios! Eres mía, eres mía, voy gritando en la brisa de la tarde, y el viento arrastra mi voz viuda. Cazadora del fondo de mis ojos, tu robo estanca como el agua tu mirada nocturna. En la red de mi música estás presa, amor mío, y mis redes de música son anchas como el cielo. Mi alma nace a la orilla de tus ojos de luto. En tus ojos de luto comienza el país del sueño. Rabindranath Tagore

Te Cojo Las Manos

Te cojo las manos, y mi corazón, buscándote a ti, que siempre me eludes tras palabras y silencios, se hunde en la oscuridad de tus ojos. Sin embargo, sé que debo estar contento en este amor, con lo que viene a rachas y huye, porque nos hemos encontrado por un momento en la encrucijada de los caminos. ¿Soy yo tan poderoso que pueda llevarte a través de este enjambre de mundos, por este laberinto de veredas? ¿Tengo yo alimento para sostenerte por el oscuro pasaje bostezante, de arcos de muerte? Rabindranath Tagore

Para Que Yo No Te Conozca Tan Pronto

Para que yo no te conozca tan pronto, juegas conmigo. Me ciegas con tus repentinas risas para que no te vea tus lágrimas... Conozco, conozco tu arte. ¡Nunca dices lo que quieres decir! Por miedo a que yo no te tenga en lo que vales, me evitas de mil modos. Te apartas de la multitud para que yo no te confunda con ella... Conozco, conozco tu arte. ¡Nunca vas por donde quisieras ir! Como puedes más que nadie sobre mí, te callas. Me dejas mis regalos con descuido juguetón... Conozco, conozco tu arte. ¡Nunca aceptas lo que quisieras aceptar! Rabindranath Tagore

Perdóname Hoy Mi Impaciencia, Amor Mío

Perdóname hoy mi impaciencia, amor mío. Es la lluvia primera del verano, y la arboleda del río está jubilosa, y los árboles de kadam, en flor, tientan a los vientos pasajeros con copas de vino de aroma. Mira, por todos los rincones del cielo los relámpagos dardean sus miradas, y los vientos se yerguen por tu pelo. Perdóname hoy si me rindo a ti, amor mío. Lo de cada día anda oculto en la vaguedad de la lluvia; todos los trabajos se han parado en la aldea; las praderas están abandonadas. Y la venida de la lluvia ha encontrado en tus ojos oscuros su música, y julio, a tu puerta, espera, con jazmines para tu pelo en su falda azul. Rabindranath Tagore

Puse En Mi Bandeja Cuanto Tenía, Y Te Lo Di...

Puse en mi bandeja cuanto tenía, y te lo di. ¿Qué traeré a tus pies mañana? Soy como el árbol que, huyendo el verano floreciente, mira al cielo, levantadas sus ramas desnudas de flores. Pero ¿no hay, entre todas mis ofrendas pasadas, una sola flor que haya hecho inmarcesible la eternidad de las lágrimas? ¿Te acordarás, me darás las gracias con los ojos cuando llegue yo a ti con las manos vacías, en la despedida de mis días estivales? Rabindranath Tagore

Soñé Que Estaba Ella Sentada A Mi Cabecera...

Soñé que estaba ella sentada a mi cabecera, y alborotaba tiernamente mi cabello con sus dedos, suscitando la melodía de su contacto. La miré a la cara, luchando con mis lágrimas, hasta que la angustia de las palabras no dichas quebró mi sueño como una burbuja. Me incorporé. La Vía Láctea se veía arder por mi ventana, como un mundo de silencio inflamado. Y me pregunté si en aquel momento estaría ella soñando un sueño que viniera, bien con el mío. Rabindranath Tagore

Me Parece Amor Mío...

Me parece, amor mío, que antes de rayar el día de la vida tú estabas en pie bajo una cascada de felices sueños, llenando con su líquida turbulencia tu sangre. O, tal vez, tu senda iba por el jardín de los dioses, y la alegre multitud de los jazmines, los lirios y las adelfas caía en tus brazos a montones y, entrándose en tu corazón, se hacía algarada allí. Tu risa es una canción, cuyas palabras se ahogan en el gritar de las melodías; un rapto del olor de unas flores no vistas; es como la luz de la luna que rompiera a través de la ventana de tus labios, cuando la luna está escondiéndose en tu corazón. No quiero más razones; olvido el motivo. Solo sé que tu risa es el tumulto de la vida en rebelión. Rabindranath Tagore

Si acaso piensas en mí

Si acaso piensas en mí, te cantaré cuando el anochecer lluvioso suelta sus sombras por el río, arrastrando, lento, su luz vaga hacia el ocaso; cuando lo que queda del día es ya demasiado poco para trabajar o jugar. Te sentarás sola en el balcón que da al Sur, y yo me pondré a cantarte en el cuarto oscuro. El olor de las hojas mojadas entrará por la ventana, en el crepúsculo creciente, y los vientos tormentosos clamorearán en los cocoteros. Traerán la lámpara encendida al cuarto, y entonces me iré yo. Y tú, quizá, entonces, escucharás la noche, y oirás mi canción cuando esté yo callado. Rabindranath Tagore

El Último Trato

Una mañana iba yo por la pedregosa carretera, cuando espada en mano, llegó el Rey en su carroza. “¡Me vendo!”, grité. el Rey me cogió de la mano y me dijo: “Soy poderoso, puedo comprarte.” Pero de nada le valió su poderío y se volvió sin mí en su carroza. Las casas estaban cerradas en el sol del mediodía y yo vagaba por el callejón retorcido cuando un viejo cargado con un saco de oro me salió al encuentro. Dudó un momento, y me dijo: “Soy rico, puedo comprarte.” Una a una ponderó sus monedas. Pero yo le volví la espalda y me fui. Anochecía y el seto del jardín estaba todo en flor. Una muchacha gentil apareció delante de mí, y me dijo: “Te compro con mi sonrisa.” Pero su sonrisa palideció y se borró en sus lágrimas. Y se volvió sola otra vez a la sombra. El sol relucía en la arena y las olas del mar rompían caprichosamente. Un niño estaba sentado en la playa jugando con las conchas. Levantó la cabeza y, como si me conociera, me dijo: “Puedo comprarte con nada.” Desde que hice este trat...

Una mañana iba yo por la pedregosa carretera

Una mañana iba yo por la pedregosa carretera, cuando espada en mano, llegó el Rey en su carroza. “¡Me vendo!”, grité. el Rey me cogió de la mano y me dijo: “Soy poderoso, puedo comprarte.” Pero de nada le valió su poderío y se volvió sin mí en su carroza. Las casas estaban cerradas en el sol del mediodía y yo vagaba por el callejón retorcido cuando un viejo cargado con un saco de oro me salió al encuentro. Dudó un momento, y me dijo: “Soy rico, puedo comprarte.” Una a una ponderó sus monedas. Pero yo le volví la espalda y me fui. Anochecía y el seto del jardín estaba todo en flor. Una muchacha gentil apareció delante de mí, y me dijo: “Te compro con mi sonrisa.” Pero su sonrisa palideció y se borró en sus lágrimas. Y se volvió sola otra vez a la sombra. El sol relucía en la arena y las olas del mar rompían caprichosamente. Un niño estaba sentado en la playa jugando con las conchas. Levantó la cabeza y, como si me conociera, me dijo: “Puedo comprarte con nada.” Desde que hice e...

Regalo de amante

Anoche, en el jardín, te ofrecí el vino espumeante de mi juventud. Tú te llevaste la copa a los labios, cerraste los ojos y sonreíste; y mientras, yo alcé tu velo, solté tus trenzas y traje sobre mi pecho tu cara dulcemente silenciosa; anoche, cuando el sueño de la luna rebosó el mundo del dormir. Hoy, en la calma, refrescada de rocío, del alba, tú vas camino del templo de Dios, bañada y vestida de blanco, con un cesto de flores en la mano. Yo, a la sombra del árbol, me aparto inclinando la cabeza; en la calma del alba, junto al camino solitario del templo. Rabindranath Tagore

Anoche, en el jardín

Anoche, en el jardín, te ofrecí el vino espumeante de mi juventud. Tú te llevaste la copa a los labios, cerraste los ojos y sonreíste; y mientras, yo alcé tu velo, solté tus trenzas y traje sobre mi pecho tu cara dulcemente silenciosa; anoche, cuando el sueño de la luna rebosó el mundo del dormir. Hoy, en la calma, refrescada de rocío, del alba, tú vas camino del templo de Dios, bañada y vestida de blanco, con un cesto de flores en la mano. Yo, a la sombra del árbol, me aparto inclinando la cabeza; en la calma del alba, junto al camino solitario del templo. Rabindranath Tagore

No puedo ofrecerte una sola flor

No puedo ofrecerte una sola flor de todo el tesoro de la primavera, ni una sola luz de estas nubes de oro. Pero abre tus puertas y mira; y coge, entre la flor de tu jardín, el recuerdo oloroso de las flores que hace cien años murieron. ¡Y ojalá puedas sentir en la alegría de tu corazón la alegría viva que esta mañana de abril te mando, a través de cien años, cantando dichosa! Rabindranath Tagore

Cuando leí el libro

Cuando leí el libro, la célebre biografía, Entonces -dije yo-, ¿es esto lo que el autor llama  la vida de un hombre? ¿Escribirá alguien así mi vida, una vez muerto yo? (Como si algún hombre conociera realmente algo de mi vida; Cuando hasta yo mismo pienso a menudo que poco o nada sé de mi verdadera vida. Sólo vagas nociones, débiles pistas y difusas imágenes, que persigo para mí mismo, para poder exponerlas aquí) Walt Whitman

A ti

Quienquiera que seas, sospecho con temor que caminas por los senderos de los sueños, Temo que estas realidades ilusorias se desvanezcan bajo tus pies y entre tus manos, Desde ahora tus facciones, alegrías, lenguaje, casa, negocio, modales, molestias, locuras, traje, se separan de tí, se me aparecen tu alma y tu cuerpo verdaderos, se apartan de negocios, comercio, tiendas, trabajo, granja, casa, compra, venta, comer, beber, sufrimiento, muerte. Quienquiera que seas, pongo sobre tí mis manos para que seas mi poema, te murmuro al oído: he amado a muchas mujeres y a muchos hombres, pero a nadie he amado tanto como a tí. Oh, he sido tardo y mudo, debí haberme abierto camino hacia tí hace mucho tiempo, no debí haber proclamado a nadie sino a tí, no debí haber cantado a nadie sino a tí. Lo abandonaré todo y vendré, y cantaré himnos en tu honor, nadie te ha comprendido, pero yo te comprendo, nadie te ha justificado, y tú no te has justificado tampoco, no hay nadie que no te haya encont...

Postrera invocación

Al fin, dulcemente, dejando los muros de la fuerte mansión almenada, el duro cerco de las cerraduras, tan bien anudado; la guardia de las puertas seguras, sea yo liberado en los aires. Con sigilo sabré deslizarme; pon tu llave suave en la cerradura y, con un murmullo, abre las puertas de par en par, ¡alma mía! Dulcemente -sin prisa- (carne mortal, ¡oh, qué fuerte es tu abrazo! ¡oh amor! ¡cuán estrechamente abrazado me tienes!) Walt Whitman

En las sendas no holladas

En las sendas no holladas. En los sembrados al margen de las represas, Huyendo de la vida vana, De todas las normas hasta hoy proclamadas, de los placeres beneficios, conformidades, De todo cuanto ofrendé para salvar mi alma, Diáfanas ahora para mí las normas no proclamadas aún, tan diáfanas como mi alma, Cual el alma del hombre, yo hablo para regocijo de los camaradas, Aquí estoy solo, frente a la estridencia del mundo, Altisonante y hablando aquí con aromáticas palabras, Sin rubor alguno (pues que en este lugar apartado puedo dar respuestas que nadie osaría), Fortalecido por la vida que en mí a manifestarse no se atreve y que, sin embargo, palpita, Resuelto hoy a no cantar otros cantos que los del másculo afecto, Proyectándolos a lo largo de esta vida sustancial, Legando desde aquí tipos de atlético amor, En el atardecer de este delicioso setiembre, en mis cuarenta y un años, Procedo para todos los que son o han sido jóvenes, Confío el secreto de mis noches y días, Celebro la necesi...

Hacia el jardín del mundo

Hacia el jardín el mundo de nuevo asciende, Potentes machos, hijas, hijos, presagiando El amor, la vida de sus cuerpos, pensamiento y esencia. Curioso contemplo allí mi resurrección luego del sueño, Girando de nuevo en el límpido espacio, Amoroso, maduro, todo para mí hermoso, todo pasmoso, Mis extremidades y el fuego palpitante de que es motivo el portentoso juego. Éxito pues, asomo y penetrante destilo, Satisfecho con el presente, satisfecho con el pasado, Por mi lugar, o atrás de mí, Eva siguiéndome, O al frente, y yo, lo mismo, de ella en pos. Walt Whitman

Una hoja de hierba

Creo que una hoja de hierba, no es menos que el día de trabajo de las estrellas, y que una hormiga es perfecta, y un grano de arena, y el huevo del régulo, son igualmente perfectos, y que la rana es una obra maestra, digna de los señalados, y que la zarzamora podría adornar, los salones del paraíso, y que la articulación más pequeña de mi mano, avergüenza a las máquinas, y que la vaca que pasta, con su cabeza gacha, supera todas las estatuas, y que un ratón es milagro suficiente, como para hacer dudar, a seis trillones de infieles. Descubro que en mí, se incorporaron, el gneiss y el carbón, el musgo de largos filamentos, frutas, granos y raíces. Que estoy estucado totalmente con los cuadrúpedos y los pájaros, que hubo motivos para lo que he dejado allá lejos y que puedo hacerlo volver atrás, y hacia mí, cuando quiera. Es vano acelerar la vergüenza, es vano que las plutónicas rocas, me envíen su calor al acercarme, es vano q...

¡Oh yo, vida!

¡Oh yo, vida! Todas estas cuestiones me asaltan, Del desfile interminable de los desleales, De ciudades llenas de necios, De mí mismo, que me reprocho siempre, pues, ¿Quién es más necio que yo, ni más desleal? De los ojos que en vano ansían la luz, de los objetos Despreciables, de la lucha siempre renovada, De los malos resultados de todo, de las multitudes Afanosas y sórdidas que me rodean, De los años vacíos e inútiles de los demás, Yo entrelazado con los demás, La pregunta, ¡oh, mi yo!, la triste pregunta que Vuelve: “¿Qué hay de bueno en todo esto?” Y la respuesta: “Que estás aquí, que existen la vida y la identidad, Que prosigue el poderoso drama y que quizás Tú contribuyes a él con tu rima”. Walt Whitman

Cosmos

Quién contiene a la diversidad y es la Naturaleza quién es la amplitud de la tierra y la rudeza y sexualidad de la tierra y la gran caridad de la tierra, y también el equilibrio quién no ha dirigido en vano su mirada por las ventanas de los ojos o cuyo cerebro no ha dado en vano audiencia a sus mensajeros quién contiene a los creyentes y a los incrédulos quién es el amante más majestuoso quién, hombre o mujer, posee debidamente su trinidad de realismo de espiritualidad y de lo estético o intelectual quién después de haber considerado su cuerpo encuentra que todos sus órganos y sus partes son buenos quién, hombre o mujer, con la teoría de la tierra y de su cuerpo comprende por sutiles analogías todas las otras teorías la teoría de una ciudad, de un poema y de la vasta política de los Estados quién cree no sólo en nuestro globo con su sol y su luna sino en los otros globos con sus soles y sus lunas quién, hombre o mujer, al construir su casa no para un día sino para la eternidad ve a la...

Una araña paciente y silenciosa

Una araña paciente y silenciosa, vi en el pequeño promontorio en que sola se hallaba, vi cómo para explorar el vasto espacio vacío circundante, lanzaba, uno tras otro, filamentos, filamentos, filamentos de sí misma. Y tú, alma mía, allí donde te encuentras, circundada, apartada, en inmensurables océanos de espacio, meditando, aventurándote, arrojándote, buscando sin cesar las esferas para conectarlas, hasta que se tienda el puente que precisas, hasta que el ancla dúctil quede asida, hasta que la telaraña que tú emites prenda en algún sitio, oh alma mía. Walt Whitman

No te detengas

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco, sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños. No te dejes vencer por el desaliento. No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte, que es casi un deber. No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario. No dejes de creer que las palabras y las poesías sí pueden cambiar el mundo. Pase lo que pase nuestra esencia está intacta. Somos seres llenos de pasión. La vida es desierto y oasis. Nos derriba, nos lastima, nos enseña, nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia. Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa: Tu puedes aportar una estrofa. No dejes nunca de soñar, porque en sueños es libre el hombre. No caigas en el peor de los errores: el silencio. La mayoría vive en un silencio espantoso. No te resignes. Huye. “Emito mis alaridos por los techos de este mundo”, dice el poeta. Valora la belleza de las cosas simples. Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas, pero ...

Canto a mí mismo

Yo me celebro y yo me canto, Y todo cuanto es mío también es tuyo, Porque no hay un átomo de mi cuerpo que no te pertenezca. Indolente y ocioso convido a mi alma, Me dejo estar y miro un tallo de hierba de verano. Mi lengua, cada átomo de mi sangre, hechos con esta tierra, con este aire, Nacido aquí, de padres cuyos padres nacieron aquí, lo mismo que sus padres, Yo ahora, a los treinta y siete años de mi edad y con salud perfecta, comienzo, Y espero no cesar hasta mi muerte. Me aparto de las escuelas y de las sectas, las dejo atrás; me sirvieron, no las olvido; Soy puerto para el bien y para el mal, hablo sin cuidarme de riesgos, Naturaleza sin freno con elemental energía. Creo en ti, mi alma, el otro que soy no se rebajará ante ti, Y tú no te rebajarás ante él. Tiéndete en el pasto conmigo, desembaraza tu garganta, No son palabras, ni música, ni versos lo que preciso, ni hábitos, ni discursos ni aun los mejores, Sólo quiero el arrullo, el susurro de tu voz suave. Recuerdo cómo nos aco...

¡Oh capitán, mi capitán!

¡Oh capitán, mi capitán! Terminó nuestro espantoso viaje, El navío ha salvado todos los escollos, Hemos ganado el codiciado premio, Ya llegamos a puerto, ya oigo las campanas, Ya el pueblo acude gozoso, Los ojos siguen la firme quilla del navío resuelto y audaz, Mas, ¡oh corazón, corazón, corazón! ¡Oh rojas gotas sangrantes! Mirad, mi capitán en la cubierta Yace muerto y frío. ¡Oh capitán, mi capitán! Levántate y escucha las campanas, Levántate, para ti flamea la bandera, Para ti suena el clarín, Para ti los ramilletes y guirnaldas engalanadas, Para ti la multitud se agolpa en la playa, A ti llama la gente del pueblo, A ti vuelven sus rostros anhelantes, ¡Oh capitán, padre querido! ¡Que tu cabeza descanse en mi brazo! Esto es sólo un sueño: en la cubierta Yaces muerto y frío. Mi capitán no responde, Sus labios están pálidos e inmóviles, Mi padre no siente mi brazo, no tiene pulso ni voluntad, El navío ha anclado sano y salvo; Nuestro viaje, acabado y concluido, Del horrible viaje el na...

El Amor Nuevo

Todo amor nuevo que aparece  nos ilumina la existencia,  nos la perfuma y enflorece.  En la más densa oscuridad  toda mujer es refulgencia  y todo amor es claridad.  Para curar la pertinaz  pena, en las almas escondida,  un nuevo amor es eficaz;  porque se posa en nuestro mal  sin lastimar nunca la herida,  como un destello en un cristal.  Como un ensueño en una cuna,  como se posa en la rüina  la piedad del rayo de la luna.  como un encanto en un hastío,  como en la punta de una espina  una gotita de rocío...  ¿Que también sabe hacer sufrir?  ¿Que también sabe hacer llorar?  ¿Que también sabe hacer morir?  -Es que tú no supiste amar... Amado Nervo

A Leonor

Tu cabellera es negra como el ala del misterio; tan negra como un lóbrego jamás, como un adiós, como un «¡quién sabe!» Pero hay algo más negro aún: ¡tus ojos! Tus ojos son dos magos pensativos, dos esfinges que duermen en la sombra, dos enigmas muy bellos… Pero hay algo, pero hay algo más bello aún: tu boca. Tu boca, ¡oh sí!; tu boca, hecha divinamente para el amor, para la cálida comunión del amor, tu boca joven; pero hay algo mejor aún: ¡tu alma! Tu alma recogida, silenciosa, de piedades tan hondas como el piélago, de ternuras tan hondas… Pero hay algo, pero hay algo más hondo aún: ¡tu ensueño! Amado Nervo

A una francesa

El mal, que en sus recursos es proficuo, jamás en vil parodia tuvo empachos: Mefistófeles es un cristo oblicuo que lleva retorcidos los mostachos. Y tú, que eres unciosa como un ruego y sin mácula y simple como un nardo, tienes trágica crin dorada a fuego y amarillas pupilas de leopardo. Amado Nervo

El primer beso

Yo ya me despedía…. y palpitante cerca mi labio de tus labios rojos, «Hasta mañana», susurraste; yo te miré a los ojos un instante y tú cerraste sin pensar los ojos y te di el primer beso: alcé la frente iluminado por mi dicha cierta. Salí a la calle alborozadamente mientras tu te asomabas a la puerta mirándome encendida y sonriente. Volví la cara en dulce arrobamiento, y sin dejarte de mirar siquiera, salté a un tranvía en raudo movimiento; y me quedé mirándote un momento y sonriendo con el alma entera, y aún más te sonreí… Y en el tranvía a un ansioso, sarcástico y curioso, que nos miró a los dos con ironía, le dije poniéndome dichoso: -«Perdóneme, Señor esta alegría.» Amado Nervo

Cobardía

Pasó con su madre. ¡Qué rara belleza! ¡Qué rubios cabellos de trigo garzul! ¡Qué ritmo en el paso! ¡Qué innata realeza de porte! ¡Qué formas bajo el fino tul…! Pasó con su madre. Volvió la cabeza: ¡me clavó muy hondo su mirar azul! Quedé como en éxtasis… Con febril premura, «¡Síguela!», gritaron cuerpo y alma al par. …Pero tuve miedo de amar con locura, de abrir mis heridas, que suelen sangrar, ¡y no obstante toda mi sed de ternura, cerrando los ojos, la deje pasar! Amado Nervo